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Antioxidantes y su importancia en la prevención del cáncer.

LN, MNA, Esp OB y C, Rene Arvizu.
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En febrero del 2020 el Gobierno de México declaró que el cáncer es la tercera causa de muerte a nivel nacional, siendo el de mama el más común en la población mexicana y en el mundo. Es un dato fuerte que debe ser puesto en un foco de atención e interés popular ya que con una estrategia y cultura de prevención y detección temprana, ya que de acuerdo al INCAN 30% de estos casos son prevenibles y otro 30% es posible de ser detectado oportunamente, reduciendo en 60% el riesgo de muerte.

Sin duda es una enfermedad compleja y multifactorial, por lo que debemos de identificar acciones que nos pueden ayudar a prevenirla o a minimizar su impacto.

Estudios han demostrado que hábitos de un estilo de vida poco saludable que promueve procesos inflamatorios aumentan el riesgo de un 20% a 50%, tales como mala alimentación, tabaquismo, sedentarismo, sobrepeso y obesidad; se han observado asociaciones con alimentos que elevan fácilmente la glucosa en sangre y con aquellos que promueven la inflamación celular tales como:

  • Azúcares refinados.
  • Grasas saturadas.
  • Harinas refinadas.
  • Carnes procesadas.
  • Alimentos quemados/carbonizados.
  • Alcohol.

Por otro lado múltiples estudios han demostrado que llevar un estilo de vida saludable que promueve procesos antiinflamatorios reduce el riesgo de cáncer de un 30% a 70%.
Dentro de la parte de alimentación se ha observado que principalmente los antioxidantes de ciertos alimentos juegan un papel principal en la prevención de cáncer, esto debido a su rol de protección al daño celular. Estos antioxidantes se encuentran principalmente en frutas y verduras frescas, leguminosas, oleaginosas, aceite de olivo, ajo, jengibre, cúrcuma y pescado.

Resveratrol (uvas negras y frutos del bosque):
Combate el daño celular por el consumo de alcohol y mejora la sensibilidad a la insulina, esto protege el daño celular del estrés oxidativo, reduce la inflamación celular y puede inhibir la replicación de células cancerígenas.

Carotenoides (B-carotenos, luteína, licopeno y zeaxantina) frutas y verduras rojas, amarillas y naranjas):
Protegen las células del daño en su membrana ocasionado por los radicales libres y al mismo tiempo favorecen el desarrollo de nuevas células que fortalecen el sistema inmune.

Vitamina C (frutos cítricos, vegetales verdes poco cocinados y pimientos):
Favorece a la producción de glóbulos blancos que ayudan a combatir agentes dañinos para nuestro cuerpo y a reducir la inflamación celular eliminando radicales libres. Esta vitamina favorece la eliminación de colesterol y ácido úrico.

Polifenoles y flavonoides (té verde, té negro, té rojo, matcha, café y cacao):
Ayudan a disminuir la inflamación celular y a mejorar la sensibilidad de insulina, mejoran la presión sanguínea y el flujo sanguíneo debido a que estimulan la producción de óxido nítrico y esto relaja y dilata los vasos sanguíneos, lo que también ayudar a un mejor funcionamiento de tu cerebro e hígado.

Extras no antioxidantes que ayudan a mantener un balance antiinflamatorio en nuestro cuerpo: Omega 3, probióticos, curcumina, ejercicio, dormir bien y mantener un peso con porcentaje de grasa adecuado.

Algo claro es que no existe un alimento o antioxidante específico que funcione milagrosamente. La clave está en mantener un estilo de vida saludable a largo plazo y limitando en su mayor posibilidad la exposición a los agentes nocivos.

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